Posteado por: E de ENR en: 14/06/2007

“Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas” es el mantra que repito últimamente cada vez que veo mi bikini asomando en el primer cajón de mi mesita de noche.
El año pasado, cuando lo guardé por última vez, celebrando el fin de la tortuosa época de playa, me juré a mi misma que desde entonces empezaría la dieta para así este año poder lucirlo sin vergüenza ni michelines. Como yo misma me esperaba el día es hoy y sigo con las mismas.
Atrás quedaron mis patéticos intentos de sobrevivir a la dieta de Madonna, la del agua y la del croissant. Ninguna de momento ha funcionado como esperaba. Haciendo un poco de investigación me he topado con la solución a mis problemas: The weigh down workshop (Taller de adelgazamiento)*.
Como siempre lo más innovador nos llega desde USA. En qué consiste? Básicamente en rezar antes de cada comida pidiéndole a Jesús nuestro señor (o a Dios, no sé, siempre los confundo) que no nos engorde y que nos haga no caer en la tentación de sobrecomer.
¿¿Cómo no se me había ocurrido a mi antes?? Es una idea brillante, porque además de no costar casi esfuerzo (tan sólo he de aprenderme el padre nuestro, que es nada comparado con resistirme a las olivas con una caña o a intentar correr 200 metros sin morir asfixiada) si no resulta siempre queda la grata satisfacción de poder echarle las culpas a otro.
Yo de paso ya me he apuntado a catequesis, porque ayuda extra nunca vino mal a nadie. Como ya he dicho al principio, “tiempos desesperados requieren medidas desesperadas”.
Y juro no volver a usar el nombre de Dior en vano.
*NDT: traducción libre no legítima.
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