Posteado por: E de ENR en: 05/04/2007

Hace veinte años, cuando la mayor parte de la redacción andaba aún en pañales, los gays del puebo acababan casados con la lesbiana del pueblo de al lado. Condenados al ostracismo en sus porpios hogares, acababan formando una atípica familia en la que poder esconderse en compañía.
Hoy en día, las cosas han cambiado. El gay del pueblo ya no se casa, vive su soltería como si de un hetero más se tratara. Ya no baila en la verbena pasodobles y pachangas, ahora se permite el lujo de despiporrarse con el Corazón latino y Coyote Dax.
El gay de pueblo tiene una especial inclinación hacia el retoce al aire libre, entre sabinas y chaparras. Está más feliz cuando el tiempo le permite abandonarse al nudismo en el río o embalse más cercano y en el bar del pueblo sirven cervezas light. Se siente más acompañado cuando jóvenes urbanitas van de puente o de paseo por zonas rurales en busca de tiempos más sencillos.
El gay de pueblo ya no es una especie en extinción.
¡Y que viva muchos años!
Foto: un gay de pueblo inglés.
E de ENR
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